DESAYUNO CON DIAMANTES .

A las mañanas , camino de la oficina procesaba los datos de las reuniones programadas , siempre demasiadas . 

Caminaba hacia la oficina como quien sabe que el día seráeterno, contando baldosas mojadas . En la mochila , colgada solo del  hombro derecho ,  había suficientes razones para saber que nunca eres el mismo cada regreso a casa. 

Estaba seguro de dos cosas , regresaría después del sol  y nadie preguntaría : ¿ que tal el día ? . 

8 :45am, en el camino se encendían las luces de aquella joyería todavía cerrada , de nuevo, segundo día , un detalle hacia que levantara la mirada , por encima del pespunte de la hombrera de la chaqueta , azul oscura ,  dos tacones y cuatro , muy finos , inolvidables gemelos . 

Otra vez de espaldas , otra vez su figura , quieta , congelada , soñando en la profundidad de aquel escaparate . 

El trayecto de las pupilas , dilatadas , recorriendo perfil , contorno y reflejos sobre el impoluto cristal era perturbador , en la esperanza acunaba que un reflejo le permitiera acercar una sonrisa, provocar un giro cómplice. 

Aquella tarde , igual de noche , se detuvo igual que hacía ella , quería adivinar que pieza de orfebre conseguía que aquella coleta eterna se detuviera cada mañana exactamente en el mismo trozo de acera , soñando y buscando entre los huecos de colmena de la persiana todavía bajada . 

No dudo ni un segundo : era un caudal de oro , de ida y vuelta , con giros de brillo, aguas nobles, un abrazo perfecto para el perímetro de la muñeca que sujetaba cada mañana aquel paraguas repleto de portadas de películas en blanco y negro . 

El ritual duró varios días , cuatro o cinco laborables , quizá se alojaba en el hotel de al lado , quizá acababa de llegar a la ciudad (por favor ) para una larga temporada . 

8: 30 am , lunes : se ajustó el nudo de la corbata corriendo y mirando al espejo mientras sujetaba la puerta abierta con la punta del zapato brillante , recién cepillado . 

Bajó a saltos las escaleras para no esperar al ascensor , solo tenía quince minutos para llegar a la altura de la joyería . 

Miró nervioso la pantalla del móvil , 8:48 am , ya no había nadie frente al escaparate  , se acercó acelerado  , tampoco estaba la pulsera de los caudales de oro, de ida y vuelta . 

Sus hombros perdieron unos centímetros de anchura , y de altura , unos pocos mas cayó el derecho , con la mochila , la mirada volvió a contar baldosas mojadas . 

Sabia que volvería casa después del sol y que nadie , ya tampoco ella , preguntaría: ¿que tal el día ? .

Artículo del último número de la revista BAO .

http://www.baobilbao.com/bao-no19-edicion-de-octubre-2018-2/

PD : dedicada a Joyería Matia por creer en el trabajo ” hecho a mano ” , en la exclusividad, en la creatividad y en que todavía se puede levantar la persiana cada día .

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