Bascook: la recta final

Faltan poco más de dos semanas. Ya asoman las cocinas y los refrigeradores entre plástico y cartón. Los focos, lámparas, luces y bombillas lanzan sus primeros destellos de prueba. El suelo casi es ya un suelo para pisar con pasos lentos. La piedra permanece. Estaba, está y estará. Ya hay que hacer menos ejercicios de imaginación. En cada visita, día a día, se incorporan nuevos detalles y elementos.

Trabajadores de la madera, del metal, de los tubos y los cables se afanan en sus últimos días de gloria, dispuestos a pasar el testigo a otros trabajadores, a los del delantal, la cuchara de palo y la bandeja.

La vida se hace eterna cada jornada y hay que sujetar la impaciencia. El Bascook que estaba en nuestra cabeza se hace realidad poco a poco ante nuestra mirada ilusionada.

Alguna tarde, cuando a última hora cierro la puerta de la obra, me parece sentir que el viejo almacén de sal me despide rejuvenecido, ansioso de volver a abrir sus puertas y ser de nuevo parte de la sal de la tierra, de otra manera…

Un comentario en “Bascook: la recta final

  1. Un susurro me contó que un sueño vió, emblemático el edificio, histórico, de piedra y retoques de adobe, sufrido, labrado, trabajado, al lado de la Ría; al otro lado, enfrente, el Ayuntamiento.
    Historias de sal, bacaladas, jamones, cezinas curadas y secadas al aire.
    El aire se llevó las motas de sal y triste quedó el Viejo Almacén de Sal.
    Un sueño. ¿Hay cosa más pequeña? ¿y más grande? ¿y más difícil?
    ¡Cómo atrapar ese momento! Quieres que el tiempo pare, lo ves pero se va. Pillas el primer papel que ves y escribes y trazas lo que has visto en un txas. Lo tienes. Lo ves. Lo crees y lo haces. Lo último, no lo dices. No lo cuentas.
    El Viejo Almacén de Sal, luce ya su nuevo y elegante negro traje.
    300 años de Historia e Historias y se ve y se siente más joven que nunca, orgulloso de ser lo que fue, con respeto, firme, con el honor de haber hecho una gran labor.
    Orgulloso, porque sabe parte a una nueva andadura que marcará un antes y un después, y no sólo en el Viejo Almacén de Sal.
    El Viejo Almacén de Sal, luce ya su nuevo y elegante negro traje.
    La cocina llegó, las cazuelas suenan, cazillos, cucharas, bandejas, platos, van llegando a su sitio, el fuego se asoma, el agua se siente y al calor, los aromas son los que sintió en el sueño. La carta está, el delantal impoluto, los nervios, qué nervios, el Viejo (almacén) sabe ya lo que tiene que hacer.
    Suelta amarras bribón, que siento el aire de cara, aire fresco.
    El Viejo Almacén de Sal respira, hondo, sereno, honesto.
    Orgulloso.
    AURRERA BASCOOK.
    BIENVENIDO.

    Jaunak. Agur.

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