A borbotones (la vida)

Foto: El Correo

Dicen que todos los días tenemos que comer una manzana, verde o roja, las dos si puedes, para el aparato digestivo, y un plátano por el potasio. También una naranja, para la vitamina C, y una taza de té verde o rojo. Y melisa, ortiga, eucalipto, manzanilla, regaliz y azahar, sin azúcar, para prevenir la diabetes.

Todos los días hay que tomar dos litros de agua, baja en sodio y de montaña.
Todos los días hay que tomarse un Actimel para tener ‘L.Cassei Inmunitas’, que nadie sabe lo qué es, pero parece que si no te metes un millón y medio diario empiezas a ver a la gente borrosa. Cada día toma una aspirina para el sistema cardiovascular y un vaso de vino tinto para lo mismo. Y otro de blanco, para el sistema nervioso. Y uno de cerveza, o su levadura ¿O era de soja? No, esto es lecitina, perdón.

Todos los días hay que comer fibra, mucha,  a poder ser con los litros de agua de antes. Hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas, hipocalóricas, sin olvidarte de masticar cien veces cada bocado (me salen unas cinco horas diarias). ¡Ah! Y después de cada comida hay que lavarse los dientes: después del yogurt y la fibra, los dientes; después de la manzana, los dientes; después del plátano, los dientes…

Hay que dormir ocho horas y trabajar otras ocho, más las cinco que empleamos en comer, veintiuna. Te quedan tres, siempre que no te pille alguna caravana. Según las estadísticas, vemos tres horas diarias de televisión… por no hablar del facebook y del blog y el correo electrónico,…..

Bueno, pues no da. Porque todos los días hay que caminar por lo menos media hora ( a los 15 minutos ve regresando, si no la media hora se te hace una). Y hay que cuidar las amistades porque son como una planta: hay que regarlas a diario. Además, hay que estar bien informado. Leer por lo menos dos diarios y algún artículo de revista, para contrastar la información.

Ah!, hay que tener sexo todos los días, pero sin caer en la rutina: hay que ser innovador, creativo y renovar la seducción. Por cierto, y sin que venga a cuento, te recuerdo que después de cada comida hay que cepillarse los dientes. También hay que hacer tiempo para barrer, lavar la ropa, los platos,… Y no te digo si tienes perro y/o hijos.

En fin, a mí la cuenta me da unas 29 horas diarias. La única posibilidad que se me ocurre es hacer varias de estas cosas a la vez o solamente tres o cuatro diarias. Me explico: enciendes un fuego bajo, o una chapa, o una buena brasa despacio, sin prisa. Eliges una receta contundente, larga, de antes, de tiempo, de borbotón y botella de vino. Solo el control y el dominio del fuego te permitirán triunfar, despacio, de pieza grande y guiso largo, da igual de mar o tierra, de amigos, de mujer e hijos cerca, de siempre, con un pan de masa madre, bien fermentado, también huele a leña, que pase el tiempo, que pase la vida, con los tuyos, que quede poco por contar, pero lo cuentes siempre, que recuerdes, que no se olvide, mucho tiempo para un recuerdo y un recuerdo para mucho tiempo.

Y al final del día, no te peses. No hace falta: uno de más, de felicidad.

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